Ese olor a resina seca me recuerda nuestra mente inquieta; como una nube pesada de humo que se desfonda a si misma en una afluencia de hilos electricos, vespertinos, que intentan sondear los confines de la dubitacion inquieta, un ligero vahído que asoma la frente del adverso perpetuo, aquello que ha huído de nuestro rastreo inminentemente, menester y correlativo al caletre de cada uno nos encuentra volviendonos redundantemente a nuestra quimera con los pies pesados y nuestra intimación enardecida, una recta desbaratada en millones de lineas candentes entrelazan su columna sufraganea imperiosa dibujando la yema frontal del cosmos caminante, cuyo camino no es menos que la incertidumbre sintomatologica de la vida.
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